La Revuelta Campesina de los Colonos de Maro (Diez días de encierro en la Cueva de Nerja)

Todo ocurrió muy rápidamente y el desconcierto general se extendió hasta Maro. Las campanas de la iglesia del pueblo comenzaron a repicar para avisar a la gente de que algo gordo estaba pasando y la voz de alarma se propagaba de forma vertiginosa. El nerviosismo se apoderó de los mareños. La gente dejó todo lo que estaba haciendo y comenzó a acercarse a la explanada de la cueva a la velocidad que sus piernas les permitían. 
Pasaron veinte minutos hasta que el Gobernador Civil de Málaga y Presidente del Patronato de la Cueva de Nerja, D. Jorge Cabezas, fue informado de la acción de los colonos. Su primera decisión fue la de ordenar en consecuencia el cierre temporal de la gruta hasta que la situación volviese a la normalidad. Durante ese tiempo, un grupo de unos 50 mareños, entre ellos niños, aprovechando el desconcierto, lograron meterse dentro de la gruta y sumarse al encierro, que mantendrían hasta que recibiesen una respuesta clara y comprometida por parte de las autoridades competentes.
Los colonos de Larios llevan más de 20 años intentando acceder a la titularidad de unos terrenos que cultivan en régimen de arrendamiento desde hace generaciones. La no modificación de la Ley de Arrendamientos Rústicos Históricos en el parlamento les ha puesto entre las cuerdas y por eso decidieron encerrarse en la famosa Cueva de Nerja (Málaga). La Sociedad Azucarera Larios, propietaria de las tierras que cultivan, tiene otros planes para los terrenos: pretende llevar a cabo un proyecto urbanístico con una inversión que ronda los 40.000 millones de pesetas. Los colonos no desean perder aquello que vienen trabajando desde el año 1.505, y se han levantado contra las intenciones de su patrón, el Sr. Marqués de Larios. Los gritos de lucha de los agricultores se han ido extendiendo hacia otras partes del territorio nacional donde viven situaciones semejantes, más propias de la época feudal que de los tiempos actuales. Han sido ellos los que han trabajado la tierra, los que con sus esfuerzos han convertido eriales en zonas de cultivo, los que han regado con su sudor, los que -por dejar un medio de vida para sus hijos- tuvieron que dividir su escaso patrimonio en parcelas más pequeñas. Fueron ellos y no los distintos propietarios históricos que las consiguieron por donaciones reales o por compras entre nobles y ricos, los que han mejorado su productividad y la han convertido en la actualidad en ese “Diamante Verde” que hoy tanto apetece al Marqués y a toda la corte de especuladores urbanísticos que le rodean. La revuelta campesina tiene una causa muy justificada. Es un episodio más de esa lucha eterna de hombres humildes y pobres contra ricos y poderosos, de una guerra inconclusa e injusta que aquí, como en otros rincones del mundo, tiene múltiples ramificaciones: el reparto justo de la tierra.